Sábado 24: Consagración al Inmaculado Corazón de María
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En la Eucaristía de las 18hs, previo rezo del Santo Rosario, nos consagraremos como parroquia al Inmaculado Corazón de María en el centenario de las apariciones de Fátima.
¿cómo prepararla?
Durante el pasado siglo, varios papas no sólo recomendaron la práctica de la consagración al Inmaculado Corazón de María, sino que la practicaron ellos mismos. Pío XII y san Juan Pablo II incluso consagraron a los pueblos del mundo al corazón de María.

Más recientemente, el papa Francisco recomendó esta práctica e imitó el ejemplo de sus predecesores al consagrar al mundo entero al Inmaculado Corazón de María.

Ante la multitud reunida en San Pedro para la consagración, explicó que María “nos lleva de la mano, como una madre, al abrigo del Padre, el Padre de la misericordia”.

La consagración a la Santísima Madre nos recuerda la estrecha conexión que tiene María con Jesús y cómo ella atesoraba todo lo que veía “en su corazón” (cf. Lucas 2:19 y 51).

El papa Benedicto XVI reflexionó sobre este profundo misterio durante la fiesta del Sagrado Corazón de María, donde dijo: “El corazón que más se asemeja al de Cristo es, sin duda alguna, el corazón de María, su Madre inmaculada, y precisamente por eso la liturgia los propone juntos a nuestra veneración”.

La consagración mariana es una manifestación externa que expresa nuestro deseo interior de seguir la voluntad de Dios y unir nuestro corazón con el Suyo.

La Consagración a María nos recuerda y ayuda a vivir la consagración a Jesucristo. "Consagrar": dedicar totalmente, comprometer apasionadamente y colocar a disposición de otra persona las propias capacidades de trabajo y pensamiento. Consagrarnos a María significa comprometernos totalmente a entregarnos por amor y tiempo completo a Ella... pero el más vivo anhelo de la Madre, es que renovemos la Alianza con su Hijo y por eso nos repite "hagan todo lo que El les diga"!

Ella nos ayudará a poner toda la vida bajo el signo de la voluntad divina. Ella que recibió el Espíritu en la Anunciación y en Pentecostés, nos enseñará a ser dóciles a ese mismo Espíritu y a vivir como hijos de Dios.

Recurramos a María. Confiemos en Ella totalmente. Es nuestra Madre y Educadora.

Preparación Oración de Consagración
Escribir una oración dirigida a María. La vamos a leer en el silencio del corazón en el Rito de Consagración común. Recuerda la trascendencia de esta oración. Será tu manera personal de entregarte a Nuestra Señora y que perdurará en el tiempo. Por eso lo que le pidas y ofrezcas deben ser cosas no inmediatas, sino más bien que se proyecten a tu vida presente y futura.

Implora al Espíritu Santo para que te ilumine
¿Por qué quiero agradecerle?
¿Qué quiero entregarle?
¿Qué le quiero pedir?


"MI VIDA INSCRITA EN EL CORAZÓN DE DIOS"

Señor, desde siempre me esperabas, con insistencia me buscaste. Fui creado a tu imagen, a semejanza tuya moldeaste mi ser. Ése que te pertenece por derecho, porque Tú eres mi Padre.
He caminado tanto, he vivido tantos días gracias a tu Amor. Y hoy, como si todo comenzara de nuevo, me llamas por mi nombre y me invitas a crecer aún más cerca de tu misericordia. Pero, cómo he de lograr silenciar mi vida para escucharte mejor... ¿Cómo podré seguirte si hay tantos tropiezos en mi camino?... ¿Cómo voy a prometerte fidelidad si soy tan débil e inconstante?...

Señor y Dios de la Alianza, Tú buscas a los más pequeños como tus instrumentos. Tú les señalas el camino y les regalas la sencillez y el abandono de un niño. Tú, Padre, esperas de nosotros una respuesta de amor. Por eso hoy estoy aquí, con el corazón dispuesto. Quiero dejarnos educar por Ti, quiero aprender a reconocer tus sendas, a escuchar tu voz y a luchar como hijo tuyo.
Eres Tú Señor, quien me escoge, quien a pesar de mis limitaciones me lleva a sellar una Alianza de Amor.

Señor y Dios nuestro, Tú siempre permaneciste fiel a tu pueblo. Tú me amaste y desde la eternidad trazaste las líneas de mi vida. Tú te preocupaste por mí, y por el Bautismo me hiciste hijo de la fe. Me sacaste del pecado, del fracaso y de la muerte me salvaste con tu sangre. Y Padre, me diste a María como nuestra Madre, como nuestra fuer¬za… como guía, como vínculo que posibilita nuestro encuentro sincero contigo.

Por eso querida Madre del Cielo, déjanos hoy decirte con sencillez, desde el silencio de nuestro interior, que deseo entregarte mi corazón para que Tú lo ofrezcas al Padre; para que Él tome mi vida entre sus manos y me conduzca según sus sabios planes.
Enséñame, Madre, a cumplir la voluntad del Padre. Regálame tus ojos para mirar a Dios en nuestra vida. Regálame tus oídos para estar atento a Su voz y deseos. Regálame tus palabras para poder decir cada día: "Mi alma engrandece al Señor". Regálame Tu corazón para que el mío arda cada día en amor por tu Hijo Jesús. Amén
 
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