El sentido de la Cuaresma
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La conversión cristiana es un camino de encuentro con Jesucristo, que reclama aprenderlo todo de él y asumir su estilo de vida, hacer un continuo proceso de configuración con Él. La oración, la penitencia y la solidaridad propias de la Cuaresma son un camino que nos ayudarán a asumir su propio estilo de entrega y de comunión con el Padre para el servicio a los hermanos. Este año Jubilar nos anima especialmente a vivir la Cuaresma en clave de Misericordia. Algunas ideas para este Tiempo...
EL SENTIDO DE LA CUARESMA

La cuaresma es un tiempo especial de la liturgia cristiana, que precede a la
celebración de la Semana Santa y de la Pascua.
Los datos fundamentales de la Cuaresma son los siguientes:
- Dura cuarenta días; de ahí el nombre de “Cuaresma”
- Empieza siempre un miércoles, que recibe el nombre de “miércoles de
ceniza”.
- Durante bastantes siglos ha sido un tiempo penitencial, incluso en el sentido
físico: había más días de ayuno y abstinencia que el resto del año.
- Actualmente sigue siendo un tiempo penitencial, pero especialmente en el
significado original de esa palabra, que en latín quiere decir arrepentimiento y
cambio de vida.

LA CUARESMA DENTRO DEL AÑO LITÚRGICO
La iglesia ha distribuido el año como una secesión de fiestas y celebraciones, que recogen los principales hechos salvadores de la Biblia, especialmente los de Jesús. A esa distribución se lo llama “Año litúrgico” o “Año del Señor”. Con esta organización, los cristianos hacemos anualmente un recorrido completo de los grandes acontecimientos bíblicos.
EL CENTRO del año litúrgico es la Pascua, que fue también el origen del movimiento cristiano, como síntesis y culmen de toda la vida de Jesús. En ella integraron los cristianos la Pascua judía de la liberación de Egipto. La celebración anual de la Pascua cristiana comienza en las primeras comunidades cristianas, como se ve en los escritos del Nuevo Testamento.
Alrededor de la Pascua se fue organizando poco a poco el resto de año litúrgico, de forma que hacía el siglo IV está ya formado en todas las Iglesias, con lógicas variantes y diversidades, dentro de la gran unidad marcada por la Pascua. El Año litúrgico comienza con el Adviento, tiempo de preparación de la Navidad, que suele coincidir con el mes de diciembre. Termina a finales de noviembre, tras una serie larga de domingos, que prolonga los frutos de la fiesta de Pentecostés. En el centro de ese recorrido está la Pascua.
Pues bien; los cuarenta días de la Cuaresma forman el tiempo anterior a la Pascua, dedicado a su preparación. Por lo tanto, están situados, como ésta, en el centro del Año Litúrgico. La Cuaresma es un tiempo fuerte del año litúrgico y de la vida cristiana.

ORIGEN DE LA CUARESMA
La cuaresma actual es principalmente resultado de dos influencias:
a- Primera influencia, los catecumenados de adultos. En los primeros siglos, gran parte de los cristianos llegaban a la fe siendo adultos. Necesitaban, pues un cambio de actitud, de escala de valores y líneas de conducta: necesitaban transformar la raíz, el tronco y los frutos de su vida. Dicho brevemente, para poder recibir el bautismo necesitaban previamente fe y conversión. Para ello se organizaban previamente fe y catecumenados. Desgraciadamente, cuando el cristianismo triunfo y se hizo masivo, comenzaron los bautizos de niños y se fue perdiendo el catecumenado de adultos. Pues bien, tales catecumenados duraban un tiempo variable -por ejemplo dos años- y los catecúmenos recibían el bautismo en las fiestas
de Pascua. Todo ese tiempo estaba distribuido en períodos, y el último de ellos, mucho más intenso, lo constituían precisamente los cuarenta días anteriores al bautismo, Así, pues, la Cuaresma nace originariamente como tiempo fuerte y final de los catecúmenos de adultos, en su esfuerzo hacia el bautismo.
b- Segunda influencia, los grupos o escuelas de penitentes. También entonces había cristianos que quebrantaban gravemente su compromiso bautismal. Hoy día los pecados graves se perdonan en confesión individual. Pero en aquel tiempo, los cristianos consideraban con toda lógica que los ciertos pecados muy graves -como la apostasía o negación de la fe, el homicidio, el adulterio, el robo fuerte, el aborto, etc.- suponen un completo deterioro del bautismo y de la primera conversión. Por lo cual, consecuentes con esta idea, solían exigir para estos casos una segunda conversión semejante a la primera. Para ello, organizaron “escuelas de penitentes”
(^escuelas de arrepentidos), que, tras varios años de prácticas adecuadas, eran reincorporados públicamente a la comunidad por el Obispo o delegado.
También esta iniciativa fue decayendo poco a poco, en parte porque se empezaron a imponer penitencias corporales muy duras. Esta es la segunda influencia que ha marcado a la Cuaresma hasta los tiempos actuales. Fruto de ella puede decirse que fue la severa ley de ayuno y abstinencia que sólo recientemente se ha aligerado de forma sensible.
En resumen, la Cuaresma es una extensión a todo los cristianos de algo que era propio de los catecúmenos y de los penitentes; el tiempo final de su proceso de primera o segunda conversión, inmediatamente antes de la Pascua. Ha recibido la influencia de lambas escuelas hasta el punto de que mucha gente caso identifica la “penitencia” o conversión con las penitencias.
Actualmente, éstas han quedado reducidas a poca cosa, y la Cuaresma adquiere un doble sentido.

• Preparación de la Pascua.
• Tiempo fuerte de conversión.

LA CUARESMA EN EL CATECUMENADO
El catecumenado es, todo él, un tiempo fuerte de conversión; “Hemos venido alCatecumenado a cambiar de actitud y de vida, para añadir dos brazos más a la gran tares de levantar de una Sociedad Nueva” (Catecumenado n0 1). La conversión, el cambio de actitud y de vida, es imprescindible para hacerse cristiano, porque nadie nace cristiano. Según eso, cada Cuaresma, como tiempo fuerte de conversión, debiera ser una época más intensa dentro del catecumenado.
Sin embargo, es posible que no pocas personas de la comunidad pasen la Cuaresma sin pena ni gloria. ¿No nos será necesario esforzarnos más allá de lo habitual en esta fecha? ¿No será preciso oír más la voz de Dios, salir de la mediocridad y la marcha lenta, poner mayor empeño en la conversión, el cambio personal, el compromiso?
La Cuaresma puede ser una gracia de Dios o un tiempo desaprovechado. Esta catequesis se ha escrito para dar MOTIVACIONES, en orden a un esfuerzo mayor que el habitual, en el camino verdadero de la conversión.

ORIENTACIONES PARA VITALIZAR LA CUERESMA

PRIMERA ORIENTACIÓN: MAYOR COMPROMISO CON LOS POBRES
La solidaridad práctica con los pobres, solidaridad de la acción, debe acrecentarse en la Cuaresma. No hay que extrañarse de que insistamos en este punto. Debemos insistir sin cesar, porque los pobres son el corazón del Evangelio. Biblia sin pobres no es Biblia. Conversión sin pobres no es conversión cristiana. Reino de Dios sin liberación de los pobres no es el Reino de Dios anunciado por Jesús. Oración sin compromiso social es evasión y espiritualismo.
Cuaresma es camino hacia la Pascua. Pero caminar hacia la Pascua sin los pobres es caminar sin pies y sin rumbo, porque Pascua es la victoria del Pobre y de los pobres.
Una comunidad que no crece en esta línea está vacía o equivocada.
A los que ya están comprometidos en actividades sociales se les pide mayor cantidad de acción, pero quizá puedan mayor empeño en lo que hacen. Los no pobres tienen siempre el peligro de tomar sus actividades sociales como un servicio, como algo que no es su problema, algo que pueden dejar en cualquier momento. Eso es lo que se trata de evitar. Comprometerse significa hacer de la causa de los pobres mi causa, y jugarse con ellos el todo por el mundo.
A partir de ahí es más fácil asimilar vitalmente el alcance estructural de la
desigualdad social, cuya solución pasa por los sindicatos y los partidos políticos, pues la desigualdad y sus escuelas -desde la marginación hasta el paro- requieren medidas políticas. El desprecio de lo político puede llevarnos a una visión espiritualista y paternalista de los pobres que además de ser ofensiva contra ellos, supone una huida de la realidad y produce falta de verdadero compromiso.
Los pobres nos evangelizan. Nos conducen a leer, entender y vivir el evangelio de otra forma. Sin su contagio directo, seguiremos leyendo el evangelio con mentalidad burguesa. Este es el motivo por el que, para un cristiano, no basta el compromiso fuerte en otros terrenos, si no existen contactos directos, la compartición y el contagio de los pobres. No esperes a pasado mañana para empezar.

SEGUNDA ORIENTACIÓN: ORACIÓN Y LECTURAS
Durante la Cuaresma la oración y las lecturas deben ocupar un lugar privilegiado, si queremos revitalizarla de verdad. Nuestra oración ha de ser diaria, si no lo es ya.
Pocas cosas influyen tanto como la oración en la transformación de nuestras raíces y la profundidad interior. Sin embargo, el que más o el que menos tiene dificultades para llevar a cabo su rato diario de oración. Ahora bien; sólo con que venzamos los primeros obstáculos ajenos a la oración misma, habremos vencido probablemente las dificultades más frecuentes y generales.
La primera dificultad es el mero hecho de ponerse. Cuesta ponerse a orar.
Retrasamos el momento de empezar. A veces ese día se nos pasa el tiempo y tenemos que dejar la oración para el día siguiente. Estas experiencias debieran iluminarnos para ser firmes en ese momento de comienzo.
Otra dificultad consiste en la no fijación de ratos concretos para orar. La solución está en hacer exactamente lo contrario; fijar un horario estable.
El lugar es otra dificultad de muchas personas, sea por las pequeñas dimensiones de la vivienda, sea por los muchos ruidos. Los que carecen de habitación exclusiva sufren con mayor peso esa dificultad. La solución la tienen que buscar cada uno. Hay quien aprovecha las horas de menos ruidos y de ausencia de su compañero de habitación. No falta quien busca ratos solitarios en cualquier templo u otro lugar conocido.
Finalmente, citemos como obstáculo interno de la oración misma la dificultad de concentración. La imaginación nos puede ayudar a centrarnos. Para ello basta crear una escena mental donde podamos fijar la atención. El sujeto -es decir, yo mismo tiene que estar dentro de esa escena junto a Jesús. Muchos pasajes evangélicos son fáciles de visualizar con la mente, en la forma que decimos.
Debemos animarnos mutuamente a realizar un esfuerzo notable en la oración durante la presente Cuaresma. Al mismo tiempo, es preciso añadir que también las lecturas cristianas -biografías, catequesis, libros sencillos de espiritualidad y teología, determinadas revistas- ejercen gran influencia en la alimentación de nuestras motivaciones. Cuando hay ganas, es fácil conseguir tanto los libros, como algún tiempo para ir leyendo.

TERCERA ORIENTACIÓN: AYUNO Y ABSTINENCIA
Hemos de llamar también la atención sobre la ley del ayuno y abstinencia vigente actualmente en la Iglesia.
El ayuno consistía inicialmente en comer una sola vez al día. Actualmente se toma algo más, aunque siempre debiera tomarse poco. La abstinencia consiste en no comer carne de animales o aves, ni productos derivados de los mismos.
Actualmente ni el ayuno ni la abstinencia gozan de mucho prestigio. Sin embargo, queremos reclamarlos como actos válidos que afianzan nuestra voluntad de conversión.
Valen, ante todo, como sacrificio, aunque hoy día resulte pequeño. El sacrificio voluntario sigue teniendo fuerza, Tiene el valor de mostrarle a Dios mi sincera voluntad, y tensionarme a mí mismo.
Valen, también, como recordatorio continuado. El Estómago que se queja nos recuerda que estamos en una época especial, de mayor esfuerzo cristiano.
Valen, además, como solidaridad con los que pasan hambre y con lo que carecen de lo necesario.
Valen, en fin, como distintivo social y comunitario de la Iglesia ante el mundo. Dios actúa a través de nosotros, ¿Que ciertas posibles burlas nos echan para atrás? En tal caso, olvidamos lo de padecer contrariedades, incluso peores que éstas, por la fe, cosa que según el evangelio, es uno de los mayores signos de autenticidad, que merece el apelativo de “dichoso” (Mt 5, 11 y Lc 6, 22).

CUARTA ORIENTACIÓN: LA COMUNIDAD
La comunidad, el grupo pequeño, es la plataforma desde la cual nos lanzamos al mundo a realizar en él el proyecto de Jesús.
Hay varios puntos, tanto en la Guía como en Catecumenado, que podemos acentuar en la Cuaresma. Destaquemos especialmente éste: “pasar de la narración de nuestras cosa al afrontamiento, la confrontación y la corrección fraterna”
Cuando se realizan esos tres pasos, la comunidad satisface, porque es más verdadera y más eficaz. La comunicación se hace más realista; la unión aumenta; la exigencia se lleva sin estridencias de la forma más natural; las personas crecen y avanzan. Y así se encuentran a gusto.
Crear un ambiente donde se realicen con cierta espontaneidad esos tres puntos señalados en Catecumenado es crear un clima cálido y estimulante, donde se logren los efectos positivos citados. Uno de los objetivos comunitarios de la cuaresma, podría ser lograr entre todos ese clima. Podríamos avaluarlo en medio y al final.

QUINTA Y ULTIMA ORIENTACION: JESUS
Es el resumen de todo lo anterior. En Jesús se concentran las recomendaciones citadas, sobre todo el compromiso, la oración y la comunidad.
Por eso podríamos decir que lo esencial de la Cuaresma, como de toda la vida cristiana es “conocer a Jesús, amarle, seguirle, proseguir su causa y darle a conocer a los más que podamos”.
Sea, pues, la próxima Cuaresma una ocasión privilegiada para unirnos a Jesús y llevarlo más conscientemente en nuestro corazón y nuestra vida. La Cuaresma es comino hacia la Pascua. Ojalá podamos decir al llegar a ella: conozco más a Jesús, lo quiero más, estoy más decidido por Él. Recordemos a menudo aquellas palabras de Pablo, que muestran el fuego que llevaba en su corazón: “Me amó y se entregó por mí” (Ga 2, 20). “Todo lo que para mí era ganancia, lo considero ahora una pérdida en comparación con Jesús. Sí, juzgo que todo es pérdida en comparación con haber
conocido a Jesús. Por Él lo perdí, todos los demás bienes, y los tengo por basura, con tal de ganarle a Él” (Flp 3, 7-8).

CONCLUSIÓN: UN PASO MÁS
La Cuaresma es una gran ocasión. La gracia de Dios está a la espera en nuestra puerta, y basta que la queramos recibir. Acojamos con total disponibilidad este don.
Una invocación frecuente pudiera ser ésta: “Señor, deseo acoger esta gracia con plena disponibilidad. Ayúdame”; o bien, como nos dice el Papa Francisco en Misericordie Vultus: "Eterna es su misericordia".

La Cuaresma es la hora de la verdad. Pero es también la hora de la alegría, porque la conversión es el regalo y la conquista de una vida nueva. ¿Acaso no es esto algo muy alegre? Librémonos del agobio de que todo esto es muy exigente, y caminemos derechos hacia el gozo de Jesús, que nos promete nada menos que la alegría total (Jn, 15).





 
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